torsdag 20 mars 2008

INTEGRACIÓN O UNIDAD (PARTE II)

INTEGRACIÓN O UNIDAD
LATINOAMERICANA (PARTE II)

Por Claudio Katz.

Deterioro del neoliberalismo:
Las obstrucciones que enfrentan los TLCs convergen con la declinación del neoliberalismo extremo. Ya no está de moda la desregulación de los mercados y la apertura comercial de los años 90.




Durante ese período se perpetró en América Latina -al igual que el resto del mundo- una ofensiva del capital sobre el trabajo tendiente a revertir la contracción de la tasa de ganancia. Pero el resultado de esa agresión en la región fue muy contradictorio.

Las clases dominantes lograron deteriorar las conquistas sociales de los trabajadores, redujeron los salarios, aumentaron el desempleo y ampliaron la desigualdad. Pero no pudieron transformar estos éxitos patronales en una base sólida de la acumulación, en comparación a otras zonas de la periferia. En este plano se observa una diferencia sustancial entre la región y el Sudeste Asiático. La agresión patronal precipitó, además, un malestar popular que incentivó las rebeliones sociales y cambios gubernamentales que han modificado el rostro político de la zona.

La crisis del neoliberalismo extremo obedece tanto a la reacción por abajo, como a la gran pérdida de cohesión por arriba. La apertura comercial y desregulación financiera afectaron la competitividad de muchos grupos capitalistas y provocaron pérdidas de posiciones en el mercado mundial. Bajo el efecto de sucesivas crisis, la expansión internacional de importantes sectores patronales quedó obstruida. Esta limitación se verificó en el estancamiento del PBI per capita, en la caída de la inversión extranjera y en el desbordante endeudamiento de la década pasada.

Estos efectos no han anulado el perdurable rol del neoliberalismo como instrumento de agresión a los trabajadores. Tampoco han disipado su preeminencia económica en distintos países. Varios gobiernos derechistas (como Uribe y Calderón) -acompañados por el creciente ingreso de grandes empresarios a la política (Fox en México, Saca en El Salvador, Piñera en Chile, Macri en Argentina, Noboa en Ecuador)- preservan cursos neoliberales. Estas orientaciones benefician a los bancos, a las empresas privatizadas y a los grupos exportadores de materias primas. Pero también en estos países comienza a despuntar la misma tendencia hacia la estatización y el aumento del gasto público que se verifica a escala global.

Este acomodamiento se extiende, además, a ciertas administraciones de centroizquierda que profesan el social-liberalismo. Especialmente Bachelet recompone en Chile un esquema económico heredado del pinochetismo y la Concertación. Con un gabinete de tecnócratas librecambistas implementa ajustes que perpetúan la inserción del país como exportador de minerales, fruta, pescado y maderas.

Pero lo ocurrido en Chile también demuestra que neoliberalismo no es sinónimo de estancamiento. Esta política económica puede generar la regresión absoluta que se observó en Argentina, o el crecimiento social polarizado que se verificó en la nación trasandina. Es importante reconocer esta variedad de resultados, para recordar que el problema de la región no es el crecimiento sino los beneficiarios de ese avance.

El producto bruto aumentó durante dos décadas en Chile junto a la desigualdad social. Por esta razón la quinta parte más rica de la población se apropia actualmente del 56% del ingreso nacional, mientras que el quinto más pobre sólo obtiene el 4% de ese total. La precarización laboral es pavorosa (sólo el 10% de trabajadores participa en las negociaciones colectivas) y la privatización de las jubilaciones le que quitado protección social al 50% de trabajadores. Si este cuadro está cambiando es por el importante resurgimiento de las huelgas y las sublevaciones estudiantiles.

El prolongado crecimiento chileno bajo el neoliberalismo obedeció a las peculiaridades de una economía complementaria de Estados Unidos, que presenta una talla inferior a los países más industrializados de la región. Las clases dominantes impusieron el debilitamiento de los sindicatos y aprovecharon tanto la derrota popular, como la apoyatura social que logró la dictadura entre sectores de la clase media. Sobre estas bases preservaron la estatización del cobre y las reformas en el agro, como paradójicos complementos del neoliberalismo. (1)

El ejemplo chileno confirma que bajo el capitalismo el crecimiento no es patrimonio de un sólo modelo. Esa expansión es compatible con una gran diversidad de esquemas, cuyos frutos dependen en mayor medida de las condiciones objetivas que de las políticas económicas. La ventaja que presenta cada país para la acumulación, su lugar en mercado mundial y la funcionalidad de sus recursos son más determinantes de ese resultado, que el grado de liberalismo o antiliberalismo predominante.

Resurgimiento regionalista

El repliegue del libre-comercio contrasta con el reflote del regionalismo que encarna el MERCOSUR. Este reforzamiento expresa un giro de las principales clases dominantes de Sudamérica, que tienden a tomar distancia de la ortodoxia neoliberal en favor de cursos económicos más estatistas y autónomos del capital financiero internacional. Este viraje constituye una reacción frente a la pérdida de competitividad, que durante la década pasada impuso la fuerte concurrencia extra-regional y la desnacionalización del aparato productivo.

Este giro transforma al MERCOSUR. La asociación fue propiciada en los años 80 por las empresas transnacionales del Cono Sur para abaratar costos y reducir los aranceles, que obstaculizaban los procesos de fabricación articulados entre varios países. Se buscó, además, contrarrestar la estrechez de los mercados nacionales mediante una producción a escala regional.

Pero el convenio ya dejó atrás este propósito inicial y se ha convertido en un proyecto estratégico del conjunto de las clases dominantes. En este punto existe una clara diferencia con el ALCA y los tratados bilaterales. Los principales grupos empresarios locales mantienen una relación de rivalidad y asociación con el capital externo y propician el MERCOSUR como punto de conciliación entre ambas tendencias. En la medida que estos sectores no se han disuelto en la transnacionalización del capital deben dotarse de organismos afines a sus intereses.

Pero las clases dominantes de Sudamérica son internacionalmente débiles y su MERCOSUR enfrenta varios obstáculos estructurales. El tratado no ha logrado gestar autoridades estatales supranacionales y está sometido a la presión disgregadora que imponen los negocios extra regionales. Al conformar una entidad localizada en la periferia, Brasil no cumple el rol económico de Alemania y Argentina no juega el papel político que tiene Francia en el Viejo Continente. El acuerdo opera como Unión Aduanera precaria y Zona de Libre Comercio incompleta y su Parlamento regional permanece inactivo.

El MERCOSUR afronta múltiples conflictos internos que socavan su cohesión. Persisten las rivalidades comerciales entre Argentina y Brasil, que derivan del retroceso competitivo del primer país frente al segundo. Desde el 2003 el saldo comercial ha sido negativo para Argentina, a pesar del superávit que mantiene ese país con el resto del mundo. Argentina crece más que su vecino, pero su inferior competitividad lo obliga a importar más productos elaborados.

El tratado ha quedado, además, muy afectado por la controversia que suscitó la instalación uruguaya de plantas contaminantes de celulosa (de la empresa finlandesa Botnia) en la frontera con Argentina. El conflicto no pudo resolverse dentro del bloque y ha quedado sometido a un arbitraje de la Corte de La Haya. La instalación de la fábrica se consumó a través de un acuerdo bilateral (Uruguay-Finlandia), que rompe los principios de complementación del MERCOSUR.

El trasfondo del problema son las disparidades regionales que empujaron a Uruguay a considerar un eventual acuerdo bilateral con Estados Unidos. Este convenio es improbable, ya que no incluiría la apertura del principal mercado mundial para los productos agrícolas o ganaderos de la República Oriental. Es difícil que Uruguay renuncie al comercio más próximo y seguro que mantiene con Brasil y Argentina y algo semejante ocurre con Paraguay.

Pero el MERCOSUR es un gran cerrojo para las economías reducidas y por esta razón Bolivia elude el ingreso a la asociación. La tendencia a tantear acuerdos por fuera del tratado incluye, además, una negociación de Argentina con México, que afecta la cohesión de la asociación, ya que involucra convenios unilaterales con un socio privilegiado de Estados Unidos.

Sin embargo ninguno de estos conflictos ha impedido el actual resurgimiento del MERCOSUR. Este fortalecimiento expresa a escala regional, el mayor espacio global conquistado por las clases dominantes de la semiperiferia. Al igual que sus pares de otras zonas, los gobiernos sudamericanos cuentan con significativos excedentes comerciales y acumulan grandes reservas en los bancos centrales.

El reflote del MERCOSUR expresa, además, la novedosa expansión de las empresas transnacionales de base local. Las llamadas “multilatinas” o “translatinas” son compañías pertenecientes a capitalistas sudamericanos con fuertes inversiones externas y negocios a escala regional. Se han internacionalizado a un ritmo muy acelerado, concretando inversiones fuera de sus países por 40.091 millones de dólares en el 2006, es decir un volumen 120% superior al año anterior.

Varias firmas brasileñas integran este pelotón (Ameristeel, Petrobrás, Odebrecht), con dos compañías (Petrobrás y Vale do Río Doce) que han logrado situarse entre las 25 empresas no financieras más grandes del mundo. Durante el año 2006 las inversiones realizadas en el exterior por las empresas brasileñas superaron el ingreso de capitales al país.

Pero también algunas empresas mexicanas (Telmex, Cemex) y localizadas en Argentina (Techint) desenvuelven una dinámica semejante. Esta última firma encontró un nicho específico en la industria siderúrgica y se ha expandido a México, Estados Unidos, Venezuela y Rumania. Al igual que las restantes multilatinas, su prioridad es el mercado global o regional y no la industrialización nacional.

El complemento de este florecimiento es el repentino surgimiento de nuevos ricos como Slim en México, que ya disputa un puesto entre los millonarios más poderosos del continente. Los potentados brasileños subieron varios escalones (de la posición 18 a la 14) en ese ranking entre el año 2003 y 2005. (2)

Los dueños de la mutilatinas ya no pertenecen a la vieja burguesía nacional latinoamericana que priorizaba el mercado interno y el desarrollo endógeno. Pero tampoco conforman una prolongación del capital extranjero. No están totalmente transnacionalizadas. Son un sector del capital local asociado con banqueros e industriales del Primer Mundo

El rol hegemónico de Brasil en este enjambre no se limita solo a la preeminencia de compañías y millonarios de ese origen, ni a la creciente relevancia de ese país como exportador de bienes agrícolas e industriales básicas. El mismo liderazgo se observa en la conducción brasileña de todas las negociaciones geopolíticas (conformación de un bloque Sur-Sur, alianzas con India, China y Sudáfrica) y comerciales (“Grupo de 20” en la OMC ).

El correlato de este protagonismo es la presencia militar creciente del país (construcción de submarinos, reactivación del plan nuclear, acuerdos militares con Francia, comando de las tropas latinoamericanas en Haití) y su pretensión diplomática de ocupar un lugar en Consejo de Seguridad de la ONU.

Brasil ha reformulado a su favor el faraónico proyecto de 507 obras de infraestructura por 70 mil millones de dólares, que intenta conectar el Atlántico con el Pacífico sin pasar por el canal de Panamá. Esta red de hidrovías y carreteras denominada IIRSA ha sido asumida por las grandes empresas brasileñas como un proyecto estratégico. El plan será solventado en un 62% por recursos públicos, provocaría devastadores efectos ecológicos y acrecentará la subordinación de los países vecinos. (3)

Pero la perspectiva de un MERCOSUR bajo total hegemonía brasileña no es un proyecto cerrado. Las elites del principal país sudamericano continúan jugando a dos puntas y no definen un lineamiento categórico. Oscilan entre el liderazgo zonal y la búsqueda unilateral de socios privilegiados por todo el planeta. Esta vacilación se traduce en conductas de abstención frente a conflictos regionales o en la promoción de iniciativas (como la Comunidad Sudamericana de Naciones), que no son consensuadas con los restantes países. En síntesis: las indefiniciones actuales del MERCOSUR son las indefiniciones de Brasil.

Políticas neo-desarrollistas

El regionalismo del MERCOSUR es actualmente complementado por políticas económicas neo-desarrollistas, que presentan un cariz más industrialista. Este giro es limitado y no modifica los condicionamientos ortodoxos impuestos por los banqueros en el plano fiscal o en el control de la emisión. Tampoco se revierte la prioridad de las exportaciones, ni mucho menos la contención de los salarios o la expansión de la desigualdad. Pero el distanciamiento del libre-comercio induce a las clases dominantes sudamericanas a ampliar las regulaciones estatales y a reforzar los intereses de las corporaciones que operan a escala regional.

Esta orientación es muy visible en Argentina luego de una devaluación que eliminó la convertibilidad monetaria impuesta por los acreedores. El modelo en curso combina la tradicional centralidad del agro-negocio con fuertes subsidios a los industriales, para proteger a las clases dominantes locales de los financistas externos. Con este objetivo se instrumentó el canje de la deuda y la cancelación de las pasivos adeudados al FMI. Hacia el mismo propósito apuntan el mayor resguardo fiscal frente a futuras crisis y el abaratamiento de los costos industriales, propiciado mediante la regulación de los servicios privatizados.

La política neo-desarrollista apuntala beneficios empresarios que no se difunden a los salarios. El esquema actual convalida la informalidad del empleo, estimula elevadas tasas de explotación y traslada a los precarizados, la pobreza que durante la crisis golpeó a los desocupados. Por esta razón el incremento de la recaudación no ha incentivado ninguna modificación del sistema tributario regresivo.

Pero la estabilidad lograda con este modelo puede deteriorarse si se esfuman las condiciones que permitieron su despegue. Por un lado persiste el contexto internacional favorable de altos precios de las materias primas, pero varios años de reactivación han reavivado la inflación, en un contexto de baja inversión, agotamiento de la baratura de fuerza de trabajo y neutralización del efecto expansivo que generó la devaluación. El cóctel de inflación creciente e inversión reducida corroe al esquema actual. (4)

La vigencia de un giro neo-desarrollista es un tema más controvertido en Brasil. Lula ha preservado un esquema de altas tasas de interés y prioridad de pago de la deuda que frenó el crecimiento. La continuada gravitación del capital financiero se verifica además en la tendencia a mayores ajustes para afrontar las consecuencias de la recesión norteamericana.

Pero estos signos de persistencia neoliberal convergen con la primacía asignada al agro-negocio y a la exportación industrial de productos básicos. En la alianza de los financistas con la burguesía exportadora hay lugar para los industriales de San Pablo y para los fabricantes volcados al mercado regional. La política económica regresiva tiende a amoldarse a la nueva coyuntura industrialista.

Esta adaptación obedece, además, al creciente liderazgo regional de la economía brasileña. A pesar del modesto ritmo de incremento del PBI, las empresas de ese origen continúan su sostenida expansión en la zona. Aquí se verifica un contraste con Argentina, que padece la expatriación de grandes capitales en el circuito financiero internacional y el continuado traspaso de firmas nacionales a propietarios extranjeros, especialmente brasileños.

Esta bifurcación de senderos que se observa entre las dos principales economías sudamericanas es una tendencia de largo plazo y relativamente autónoma de los vaivenes de la última década. Reafirma una inflexión de la primacía que tuvo Argentina durante la primera mitad del siglo XX, que consolida la conversión de ese país en un abastecedor de insumos del vecino hegemónico (repitiendo el esquema de Canadá frente a Estados Unidos). Las causas históricas que han empujado a la Argentina a este lugar en la división regional del trabajo son económicas (gravitación del lobby agrario), sociales (inseguridad de los capitalistas frente a los trabajadores), políticas (inestabilidad de los regímenes militares y civiles) e institucionales (ineficiencia de burocracia estatal). Estas características tienden a recrearse en el contexto de la nueva década. (5)

Pero cualquiera sea la evolución comparada de Argentina y Brasil dentro del MERCOSUR y la primacía que alcancen las orientaciones neo-desarrollistas, esta asociación no ha dado lugar a mejoras populares. Por esta razón su resurgimiento no se traduce en avances sociales, ni en una disminución de la desigualdad. Este resultado induce a evaluar el rumbo de otros proyectos.

Alianza cooperativa

La constitución de la Alternativa Bolivariana para las Américas (ALBA) ha sido una importante iniciativa de los últimos años. Esta asociación surgió inicialmente con el intercambio que desarrollaron Venezuela y Cuba, pero estimuló posteriormente el surgimiento de nuevos criterios cooperativos para regular las relaciones económicas entre los países. Promueve sustituir los principios de competencia y libre-comercio por normas de complementación y solidaridad. Siguiendo estas reglas, Venezuela envía petróleo a Cuba a cambio de actividades educativas y sanitarias, que no se remuneran por los precios vigentes en el mercado internacional.

El ALBA pretende, además, perfilarse como un eje político antiimperialista. Los viajes de Chávez han apuntado hacia esa dirección al desafiar las visitas que realizó Bush. El mandatario venezolano promovió actos de rechazo al imperialismo en países lindantes (Argentina, en Nicaragua, Haití, Jamaica y Bolivia) con las naciones receptoras del presidente estadounidense (Brasil, Uruguay, México y Colombia). Esta acción incentivó grandes movilizaciones antiimperialistas.

Durante el bienio 2005-2006 el ALBA se expandió lentamente, a través de los convenios petroleros que Venezuela ofreció a los países más pequeños y pobres de la región. Estos acuerdos se extendieron a otras áreas con Bolivia, mediante la suscripción de un pacto más específico (TCP). Los acuerdos con Haití incluyeron varias formas de asistencia, con Nicaragua se acordó el ingreso al ALBA (a pesar del TLC que ese país mantiene con Estados Unidos) y con Ecuador se abrieron varias negociaciones. El grueso de los países involucrados soporta índices de miseria superiores al promedio regional y todos se caracterizan por una fuerte presencia de la movilización social.

Durante el año pasado el ALBA fue impulsado por la decisión de cuatro países de abandonar la comisión del arbitraje del Banco Mundial (CIADI) y formar conjuntamente un banco de la asociación. Se ha constituido un consejo de movimientos sociales que planea expandir el ALBA hacia las cooperativas, las empresas recuperadas y ciertos bloques políticos afines. Pero la iniciativa navega por aguas turbulentas, no sólo por la tensión política que sacude a Venezuela y Bolivia, sino también por las propias vacilaciones de sus impulsores. (6)

Ciertos candidatos a integrarse al convenio como Ecuador buscan conciliar este ingreso con el reflote del CAN (Comunidad Andina de Naciones), un organismo que se ubica en las antípodas del proyecto antiimperialista. El CAN sucedió al Pacto Andino como puente hacia la suscripción de los TLCs e incluye al gobierno neoliberal de Uribe. La incompatibilidad del ALBA con este organismo salta a la vista.

Esta iniciativa constituye un esbozo de unidad regional muy alejado de los esquemas de integración que han propiciado las clases dominantes. Pero se ubica en un nivel de gestación inferior a los principales proyectos en curso y afronta el serio peligro de quedar sofocado por el MERCOSUR. Puede abortar antes de constituirse como un organismo de peso, si la asociación comercial de Venezuela con Argentina y Brasil se traduce en un congelamiento del ALBA.

Esta paralización se consumaría si las clases dominantes del Cono Sur logran neutralizar al proceso bolivariano, amoldándolo a las reglas económicas y exigencias políticas que gobiernan al MERCOSUR. Este objetivo promueven Kirchner y Lula, en oposición a los sectores más derechistas de ambos países, que impulsan el aislamiento de Venezuela. La primacía de uno u otro segmento no depende sólo del tablero político, sino de también de los intereses económicos en juego. Mientras que la burguesía brasileña tiene muchas opciones abiertas, sus pares de Argentina han encontrado en el socio del Caribe un inesperado nicho de negocios.

Pero ambos gobiernos trabajan para diluir el ALBA, acelerando por ejemplo la simbólica suscripción de un convenio de libre comercio entre Israel y el MERCOSUR. El significado político de este tratado es tan evidente como su irrelevancia económica. Apunta a limitar los vínculos que ha Chávez establecido con los palestinos y el mundo árabe. Esta política busca también diluir las propuestas reformistas que se debaten en la región.

Notas:

1) Un ex funcionario de la transición ofrece un amplio retrato de las transformaciones del país en: Ominami Carlos. “Hemos sido los buenos alumnos, pero los malos compañeros”. Página 12, 17-9-07

2) Los informes sobre el rol de las “multilatinas” se han multiplicado recientemente, como se puede comprobar en los siguientes textos: The Economist. “Las Hijas de la globalización”. La Nación , 7-4-07. Rubinzal Diego. “Las translatinas”. Página 12, 9-6-07, Krauss Clifford. “Cada vez más empresas latinoamericanas triunfan en EEUU”. New York Times-Clarín, 07.

3) Ojeda Igor, Brasilino Luis. “Las venas cada vez más abiertas de América Latina” (ALAI), 10-3-08.

4) Hemos analizado estas contradicciones en Katz Claudio. “El giro de la economía argentina”. Anuario EDI, n 3, año 2007.

5) Un debate sobre las causas del retroceso argentino frente a Brasil desarrollan: Moniz Bandeira Luis Alberto. “Prosperidad y desarrollo”, Hirst Mónica. “Puede ganar los dos” y Peña Félix “La madurez de un gigante”, en La Nación-18 -11-07.


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